Cómo calcular el resultado de tu renta como autónomo
A diferencia de los trabajadores por cuenta ajena, los autónomos deben aportar ciertos datos que la Agencia Tributaria no incluye automáticamente en el borrador. Puede que no lo sepas, pero es un punto diferencial de la renta entre autónomos y asalariados, por eso siempre se dice eso de que las rentas de los autónomos son más complejas.
- Una de las diferencias, es que los rendimientos de actividades económicas no se recopilan de forma automática, por lo que es fundamental aportar esta información de forma correcta y completa en el modelo 100.
- Revisa también que tus datos personales estén actualizados. Hacienda ya dispone de información como tu NIF, estado civil, domicilio fiscal y si tienes hijos menores de 25 años a tu cargo. No obstante, si alguno de estos datos ha cambiado durante el año fiscal, deberás modificarlo antes de presentar tu declaración.
- Declara todos tus ingresos, procedentes de varias categorías diferentes: rendimientos del trabajo (como sueldos, dietas o prestaciones por desempleo), rendimientos de capital mobiliario (intereses bancarios o dividendos), rendimientos de capital inmobiliario (como los alquileres no afectos a la actividad) y ganancias o pérdidas patrimoniales (como la venta de inmuebles o acciones).
¿Cómo calcular los rendimientos netos?
En cuanto a los rendimientos de actividades económicas, deberás tributar según el régimen fiscal que corresponda al epígrafe en el que te diste de alta como autónomo.
Existen tres regímenes posibles: estimación directa simplificada (el más habitual, si no superas los 600.000 euros de ingresos anuales), estimación directa normal (si superas esa cifra) y estimación objetiva o por módulos (según el tipo de negocio). La mayoría de los autónomos tributa por estimación directa.
Para calcular los rendimientos netos en estimación directa, deberás restar los gastos deducibles de tus ingresos totales. Es fundamental recopilar los bienes de inversión, las facturas emitidas y recibidas, y las declaraciones trimestrales de IVA e IRPF. También necesitas tener a mano los certificados de retenciones emitidos por los clientes.
Deberás incluir todos los ingresos, no solo los cobrados, sino también los facturados y pendientes de cobro, así como subvenciones o ayudas recibidas.
¡No te olvides de los gastos deducibles!
En cuanto a los gastos deducibles, podrás incluir sueldos, cotizaciones a la Seguridad Social, amortizaciones, alquileres de locales vinculados a la actividad y algunos impuestos locales.
A partir de aquí, se calcula el rendimiento neto y se deducen los pagos fraccionados realizados durante el año mediante el modelo 130 o el IRPF adelantado en las facturas emitidas.
Una vez calculada la base del rendimiento de tu actividad económica, se integra en la base imponible general. Sobre esa base se aplican reducciones como el mínimo personal y familiar, así como aportaciones a planes de pensiones. Si quedan bases negativas de ejercicios anteriores, se pueden compensar. Luego, se aplica la escala de gravamen del IRPF.
Para terminar, al resultado se le restan las retenciones y los pagos fraccionados.
Si el resultado es positivo, entonces significa que la renta te sale a pegar. Si el resultado es negativo, significa que te sale a devolver.
Al entender bien cómo funciona todo el proceso, entenderás mejor todo lo que implica la renta y el resultado.
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